Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Los contrabandistas de postín que lanzaban las barras de plata y oro por encima de la muralla de Cádiz

Los “metedores” del siglo XVIII eran jóvenes hidalgos y segundones de las mejores familias faltos de recursos que burlaban la vigilancia para sus actividades delictivas con la colaboración de las autoridades gaditanas
Manolo Sánchez
27/04/2018
Cádiz

Existe, existió y existirá. Una oda al comercio no reglado. La máxima expresión del liberalismo económico si se quiere. Desde que hubo trueque, hubo alternativa. En Cádiz reconocemos el hacer milenario de una ciudad fundada por comerciantes venidos de Tiro.

El comercio de Cádiz en el siglo XVIII se inicia precisamente con un engaño. Se les cedía el nombre de sus casas de comerciantes para hacer de pantalla de las casas extranjeras, que no podían comerciar con el nuevo mundo. Ingleses, flamencos, franceses… cualquiera que quisiera hacer fortuna venía a hacer el contrabando a lo grande en Cádiz.

Esto sucedía principalmente porque la nobleza española aborrecía el comercio. Y en ese espacio se movieron los pocos acaudalados españoles que no eran nobles y necesitaban socios comerciales para el negocio. La batalla de la burguesía gaditana.

Lo normal es que hicieran de testaferros. Fueran la cabeza visible y legal de un negocio con dinero extranjero. A veces con el peligro de que el dinero fuese “hereje”. Pero estos eran los contrabandistas de postín. En Cádiz también existían los “metedores”. Solían ser jóvenes hidalgos, segundones de las mejores familias faltos de recursos. A cambio de un porcentaje, pasaban “por alto” las mercancías y con la remuneración cogían las barras de oro y plata introducidas en Cádiz y las echaban por encima de la muralla. En el otro lado, otros “metedores” las recogían, las identificaban y las llevaban a su dueño. Un “servicio” que contaba por supuesto con la colaboración de las autoridades gaditanas.

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