Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

La Heroína de Matagorda

Agnes Reston participó en la defensa de la histórica fortificación, ante el acoso de las tropas de Napoleón, junto a su marido el sargento James Reston, siendo una de las últimas personas en abandonar la posición en un momento crítico. Su hazaña es recordaba en un poema de William McGonagall
Manuel Sánchez
15/09/2017
Cádiz
Lápida en la tumba de Agnes Reston en la Necrópolis del Sur de Glasgow.

Cuando aún no había empezado el asedio francés a Cádiz, la bahía ya había presenciado como las dos potencias europeas del momento, Inglaterra y Francia, medían sus fuerzas en nuestro territorio. La captura de la flotilla del Almirante Rosilly o el intercambio de golpes en el puente Zuazo sentaron precedentes de lo que estaba por venir.

Pero un episodio que ha pasado por alto la historia y que fue digno de un guión cinematográfico es la toma del Fuerte de Matagorda.

En un principio defendido por el inglés, fue desalojado e inutilizado a la llegada de la avanzadilla francesa, para ser de nuevo ocupado cuando el General británico William Stewart comprueba la importancia del enclave. Junto con el castillo de San Lorenzo del Puntal formaban la pinza perfecta que imposibilitaba la entrada a la Bahía, además de ser el punto peninsular más cercano a Cádiz por el que podía atemorizarse a una población presta a la rendición del yugo artillero francés.

Pero claro, era un punto que se sabía perdido. Sólo podían defenderlo 150 hombres por tierra apoyados por las fuerzas cañoneras españolas desde la Bahía. Dos meses aguantaron en un fuerte tomado por las fuerzas del imparable General Victor. Hasta ahí la historia general.

Pero como en todo, siempre hay historias particulares. Y en Matagorda destacó sobremanera la historia de Agnes Reston, la heroína de Matagorda. Agnes fue una escocesa que embarcó junto a su hijo pequeño de 4 años hacia el fuerte a darle el encuentro a su marido, el sargento James Reston. Su figura emerge en los últimos momentos, cuando no quedan apenas efectivos. Atendía heridos, llevaba bolsas de arena a las barricadas, pegaba tiros como el primero, siendo una de las últimas personas en abandonar el castillo.

Sus hazañas quedaron redactadas en un artículo del Glasgow Citizen en 1843, que luego reprodujo The Times, intentando recaudar fondos para que Agnes pasase una vejez fuera de penurias.

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