Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Fabio, el insoportable gladiador pompeyano que se batió gloriosamente en Gades

Sus míticos éxitos encelaron de tal manera al gobernante gaditano Balbo, partidario de Julio Cesar, que mandó a su guardia a la arena para que lo quemaran vivo y apagar la mayor aureola del legendario luchador
OCádizDigital
31/03/2017
Cádiz

Cada vez se conoce más sobre los Balbo y cada vez es mas imponente la capacidad que tuvieron para estar en el sitio justo en la hora convenida, ver el futuro con claridad y tomar las decisiones acertadas para que Gades obtuviera las mejores ventajas. Ciertamente la historia y los hechos les dan la razón. Pero si el fin justificaba los medios, también es cada vez más patente que los Balbo tenían dos caras. Y elegían la que mejor les conviniese, según contexto.

En una época turbulenta en la que Hispania era una agrupación de tribus y reyezuelos leales a Roma, contrariamente la ciudad eterna vivió una de sus épocas más turbulentas: el paso de la República al Imperio. Muchos nombres romanos se veneraron en Hispania por sus habilidades y por su buen hacer. El primero fue Sertorio, que señoreo durante 10 años en contra del poder establecido en Roma. Tenía el plácet de todos los pueblos indígenas y solamente un joven Pompeyo fue capaz de vencerlo. Fue tal la magnanimidad y el perdón de Pompeyo “el Magno”, que los pueblos vencidos acudieron raudos bajo su ala y se reconocieron deudores y clientes de una figura mesiánica y paternal. Entre ellos, los Balbo.

Pero en un momento de la historia observan que el devenir de los acontecimientos reconoce la audacia y fortuna de un vencedor nato: Cayo Julio Cesar. Y los Balbo se pasan a su bando acertando de pleno y sin perder ni un gramo de credibilidad y honorabilidad.

Bajo su manto la ciudad se colocó entre las mas numerosas en equites y contaba con los grandes edificios públicos de la sociedad romana: Teatro, Circo y Anfiteatro.

Y a este último llegó Fabio, un ex-legionario de Pompeyo. Balbo quería engrandecer Cádiz a la manera romana y preparaba sus fastos de gladiadores, a los que acudió Fabio para ganar dinero y gloria. Experto en el cuerpo a cuerpo y en calidad de tracio (tipo de gladiador que portaba espada corta y escudo) se batió con un retiario, y le ganó en muy poco tiempo por lo que es de suponer que a Balbo el triunfo glorioso de un soldado pompeyano no le hacia gracia. Sobre todo porque en el Anfiteatro ya coreaban su nombre. Así que tal y como terminó este primer combate lo enfrentó a las venationes (combates con animales) de las que también salió victorioso entre el júbilo del respetable. Balbo no quería un héroe pompeyano en Gades. Dos combates y dos victorias en la misma tarde. No se podía permitir.

Así hubo una tercera vez, en las que se enfrentó a gladiadores y animales a la vez. Y volvió a vencer. Balbo no soportó el espectáculo por lo que mandó a su guardia a la arena para apresar a Fabio y enterrarlo hasta la cabeza en lodo en el anfiteatropara quemarlo vivo a continuación con el objeto de evitar mayor gloria del legionario, y la tranquilidad del gobernante.

Estas fueron las dos caras de los Balbo, las que les permitieron sobrevivir y dar mayor gloria a su ciudad. Fortuna audaces iuvat.

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