Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El silencio de Paco Alba

El genial autor de carnaval de Cádiz sufrió, como la gran mayoría de los españoles, el zarpazo de la Guerra Civil con el fusilamiento de su cuñado, el último alcalde republicano de la ciudad
Manolo Sánchez
13/07/2018
Cádiz

El amor en los tiempos del cólera. Así podría llamarse esta historia, haciendo honor a la obra de García Márquez. Porque el amor florece hasta en lo mas hediondo del estercolero humano. El relato lo investiga el doctor en Historia, Santiago Moreno Tello.

Todo ocurre en tiempos de la Segunda Republica Española en Cádiz, allá por los principios de los años 30. Un joven malagueño de ideas republicanas reside en la ciudad, donde estudia medicina. Su talento y capacidad lo hacen llegar hasta distinguirse como concejal del Ayuntamiento en 1932, a la par que su consulta médica en la calle San Pedro, sus clases en la Facultad de Medicina y su trabajo en el hospital de Mora.

Tras pasar por la alcaldía de Cádiz los republicanos Emilio de Sola y Enrique Álvarez, que dejaron los cargos uno porque fue nombrado a Cortes y el otro por motivos profesionales (sacó plaza de catedrático en Madrid), Manuel de la Pinta fue elegido alcalde de la ciudad en 1932. 

Mientras escalaba peldaños a pasos agigantados en su vida profesional, lo personal no se quedaba en paños menores. Conoció el amor de una chica gaditana de origen humilde cuya familia había llegado de Conil unos años antes. Era la familia Alba Medina.

Según se cuenta, fueron pareja y los coronó el amor, ese concepto tan difícil de encontrar en las parejas. Incluso hay quien concreta que llegaron a formalizarlo por medio de un matrimonio civil, pues era posible en tiempos de la Segunda República. Así, un joven Paco Alba era cuñado del alcalde de Cádiz.

Pero el amor no triunfó esta vez. El 18 de Julio de 1936 cortó por lo sano toda esperanza humana. El alzamiento golpista cogió al alcalde en Madrid haciendo unas oposiciones. Aunque Madrid era zona republicana y Manuel estaba a salvo, rápidamente coge el tren y baja a Cádiz, que era zona nacional, para presidir y defender los intereses democráticos de su ciudad.

El tren es parado en Córdoba y Manuel de la Pinta no es reconocido. Pero tiene que quedarse cumpliendo con su labor de médico un par de meses, hasta que dos requetés de Cádiz lo reconocen, lo siguen hasta la pensión y lo capturan para traerlo hasta Cádiz, donde lo buscaban ansiosamente. Pocos días después de llegar es fusilado en las Puertas de Tierra.

Pero claro, el malagueño no tenía familia en Cádiz. Y Málaga no era accesible en los primeros tanteos de la guerra. Y mientras, su cuerpo tirado en el foso ante la curiosidad de las alimañas. Nadie lo recogía. Tuvo que ser la propia madre de Paco Alba, Josefa Medina Zahara quien se hiciera cargo del cuerpo siendo enterrado en el cementerio.

Es de entender que este hecho marcaría para siempre a Paco Alba, pues en la posterior y larga posguerra también fallecerían dos de sus hermanas, una de ellas la que había sido pareja del alcalde republicano de Cádiz.

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