Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El expolio de Murillo

La iglesia de Capuchinos del Campo del Sur salvó las obras del inmortal pintor sevillano que estaban en Sevilla de la rapiña de las fuerzas de ocupación francesa, y de los ingleses, en una operación tan secreta, que ni siquiera el gobierno supo de este pacto
Manolo Sánchez
29/06/2018
Cádiz

De entre todos los saqueos y violaciones que practicaron los franceses durante la invasión a la que nos sometieron en la Guerra de la Independencia, el expolio de obras de arte fue seguramente uno de los más premeditados y pergeñados con más deleite. En el trasfondo estaba la megalómana idea de crear en Paris el museo Napoleónico por parte del “pequeño Cabo”, pero a la vista de todos lo que resaltaba era el voraz e insaciable apetito de sus mariscales por el arte, como el afamado gusto del mariscal Soult por las obras pictóricas, en concreto las de Murillo.

Murillo, como saben, tenía relación con Cádiz, ya que pintó los desposorios místicos de Santa Catalina para la Iglesia conventual que los Capuchinos tenían en la ciudad de Cádiz, posterior manicomio, y que actualmente se pueden contemplar en el museo de nuestra ciudad. Por esa obra cayó del andamio en el que pintaba, y a consecuencia de esas heridas murió.

La historia es que cuando la invasión napoleónica llegaba a orillas del Guadalquivir en Sevilla, el convento de Capuchinos de extramuros de Sevilla se plantea como salvar las obras de Murillo que allí tenían y que precisamente se habían puesto de moda por el expolio que sufrían por parte de los franceses. Los ingleses, siempre atentos a la oportunidad, ofrecen por medio de su embajador a los capuchinos una solución. Los ingleses guardarían las obras de Murillo y a cambio les harían a los capuchinos un convento en México para que profesaran su fe a salvo del hereje francés.

Los capuchinos se reúnen y declinan la oferta inglesa. Los cuadros no salen de España. Pero de esa reunión sale otra salida para los cuadros. Serán desenmarcados, enrollados y enviados por el río Guadalquivir hasta Cádiz para ser custodiados en la iglesia de Capuchinos del Campo del Sur. Y todo bajo el mas estricto secreto. Sólo sabían del viaje los capuchinos de Sevilla y el guardián del convento de capuchinos de Cádiz, Fray Mariano de Sevilla. Ni siquiera el gobierno supo de este pacto. Se hizo bajo el mas absoluto silencio.

Cuando se levantó el sitio francés, estos cuadros volvieron a Sevilla para ser restaurados en su lugar original del que nunca debieron de salir.

 

Otros artículos

publicidad