Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

1625, el fracaso inglés en Cádiz

El hijo de Robert Deveraux II Conde de Essex, que anteriormente había saqueado la ciudad en 1596, quiso quedarse Cádiz como colonia
Manolo Sánchez
9/12/2017
Cádiz

La guerra no solo se trataba en Flandes. En un mundo en el que las potencias se separaban por religiones o interpretaciones de ellas, Inglaterra  le declaró la guerra a España en 1624. Un aliado formal de las provincias unidas de Flandes que necesitaba el oxígeno del nuevo mundo y empezaba a comprender que su futuro dependía de lo que pudiera expandirse por el mar. La clave de la victoria estaba en debilitar a su enemigo y hacerlo más débil. Inglaterra buscó una excusa y entendió que España no había respetado los tratados acordados, a la par que algunas derrotas en guerras paralelas. Y declaró la guerra.

¿Por qué Cádiz? Ya lo habían hecho anteriormente. Drake destruyó la flota de Indias en 1587 en el puerto de Cádiz, lugar común de llegada de América. Además, en la flota inglesa venía el hijo de Robert Deveraux II Conde de Essex, que ya anteriormente había saqueado la ciudad en 1596 y que quiso quedarse Cádiz como colonia.

En Cádiz habíamos aprendido la lección. El casco antiguo estaba mejor amurallado. Las defensas secundarias estaban remozadas. Hasta Felipe IV vino a Cádiz a visitar las obras, dejando a don Fernando Girón, ex tercio, al cargo. Además teníamos una pequeña flota en la Bahía.

Los espías de la corte inglesa informaron de la intención de atacar. Y Cádiz se refuerza. Pero el ataque se demora y la ciudad va destinando tropas a otras partes de Andalucía hasta quedar con menos efectivos. Mientras, en Inglaterra, el duque de Buckingham organiza la empresa, otorga mandos pero descuida las labores de instrucción y reclutamiento, con tales desajustes de armamento que ni las armas funcionaban ni la munición era la suya. La tropa era mala y desganada y embarcó en muchos casos por obligación. La comida era putrefacta. Todo presagiaba un mal viaje.

Parten de Plymouth el 15 de Octubre de 1625 nueve galeones de la armada británica más una gran cantidad de buques de transportes de tropas. Unas 90 naves en total. A estos se le une 15 barcos holandeses bajo el mando de Guillermo de Nassau. Ciento cinco barcos Y diez mil soldados. Les sorprende una tormenta lo que los devuelve a puerto . Vuelven a zarpar. Y otra tormenta les sobreviene a la altura de Oporto causándoles cuantiosas bajas. Navegaban con avanzadillas a 50 kilómetros de la costa para no ser vistos. El golpe a Cádiz debía ser mortal.

Aunque en principio los planes no eran esos. Es más, exactamente no tenían planes claros. Se trataba de tomar alguna ciudad de importancia y esperar a la flota de Indias. De camino concretaron en Cádiz y en desembarcar en el Puerto de Santa María, para conquistar Sanlúcar y de ahí saquear.

Se avista la flota el 1 de noviembre y al principio se pensó que era la flota de indias, pero al verse el error cundió el pánico en los habitantes. Don Fernando Girón no atendió a la ciudad hasta que no terminó de escuchar misa y el duque de Medina Sidonia fue avisado y alertó al resto de la provincia. En la Bahía solo había entre 8 y 15 galeones que resguardaron desde la Carraca el puente de Suazo, única conexión por tierra con la Península. En la Bahía los invasores tuvieron conocimiento por un comerciante ingles, Jenkinson, de la poca guarnición de la ciudad, lo que decidió la balanza del ataque contra Cádiz. De nuevo como en 1596 intentan desembarcar en puntales pero resultó un desastre. Los angloholandeses se disparaban entre ellos. Al final toman la torre del puntal, que estaba en construcción, dejando con vida por su valentía en combate a las tropas capturadas, y quedando la mayoría de tropas inglesas atrincheradas en Torregorda.

Don Luis Portocarrero entraba por el puente Suazo con 2.300 hombres y Diego Ruiz salió de Cádiz también con tropas a hostigar a los ingleses. Edward Cecil, responsable militar de la expedición, se ve en medio de los dos y decide ir con 8.000 hombres al encuentro de Luis Portocarrero y una vez que inicia el ataque se da cuenta de que no le llegaba la intendencia y no tenían comida ni pertrechos. Suspende el ataque y la tropa inglesa hace de la búsqueda de alimento su único objetivo. Ríanse de la apertura de puertas del Black Friday. Arrasaron todo el istmo y se bebieron más vino del que podía aguantar un estomago inglés, que ya es mucho. Algaradas, peleas y faltas al orden se sucedían. En la casa de don Luis de Soto se hospedaron los almirantes ingleses con gran provisión de alimentos y vino y sufrió un asalto por tropas inglesas. “El tumulto fue tal que parecían los soldados bestias feroces, siendo necesario oírlos con paciencia y separarlos de la casa como se podía. El estado mayor pasó la noche en tal faena sin reposar un instante”, decían las crónicas inglesas al respecto. Lo que viene a ser aguantarle la borrachera a uno… Mientras, Cádiz se abastecía con embarcaciones que partían desde Sanlúcar y Chiclana y cruzaban las líneas enemigas para surtir de víveres la ciudad.

Ante tal situación ni se plantean atacar la ciudad fortificada de Cádiz. La mañana del día 4 Cecil ordena la retirada dejando tras de si 100 hombres a los que le podía más la resaca del vino de Jerez que el miedo al Duque de Medina Sidonia, los cuales fueron ejecutados sin demora por Portocarrero. El día 7 salieron de Cádiz con mucha más pena que gloria, pero aún así deciden esperar en Faro por si llegara la Flota de Indias. Las malas condiciones de las naves y falta de suministro hacen que el 26 de Noviembre decidan partir a Inglaterra. El 29 pasaba por allí la flota de Indias. Regresaron ingleses y holandeses sin honores cada uno a su puerto y entre discusiones por una expedición desastrosa de principio a fin. Los anales de la historia británica no señalan los hechos acaecidos al igual que pasó casi cien años después en Cartagena de Indias con  Blas de Lezo. Menos mal que Zurbarán lo inmortalizó para el recuerdo. 

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